Una práctica cuando menos controvertida está sacudiendo actualmente las redes de pago internacionales. Plataformas como Robinhood Wallet y Fomo, a través del proveedor técnico Crossmint, permiten ahora adquirir memecoins mediante Apple Pay o Google Pay sin necesidad de pasar por el procedimiento habitual de verificación de identidad, o KYC (Know Your Customer). Lo que resulta aún más alarmante es que estas transacciones no se registran bajo los códigos de comerciante dedicados a los activos digitales, sino que se clasifican como «productos digitales», como si se tratara de películas, libros o música. Este subterfugio técnico permite a los usuarios eludir las restricciones impuestas por los bancos a las compras de criptoactivos, al tiempo que generan indebidamente puntos de fidelidad o devoluciones de efectivo (cashback).

El gigante bancario JPMorgan Chase, tras identificar estas irregularidades, se ha dirigido oficialmente a Visa para exigir explicaciones. En el centro de esta maniobra se encuentra el código de comerciante MCC 5815, utilizado por Crossmint para procesar las transacciones. Al hacer pasar la compra de tokens altamente volátiles, como el WIF (dogwifhat), por una simple descarga de contenido multimedia, los actores implicados se saltan los estrictos protocolos de cumplimiento de Visa y Mastercard. Estas redes de pago exigen, sin embargo, marcadores específicos para cualquier activo digital, un requisito que se ha evadido deliberadamente aquí para facilitar el acceso a las memecoins.

La defensa presentada por Crossmint, que se apoya en una interpretación flexible de las directrices de las autoridades estadounidenses (SEC y CFTC) al clasificar ciertos tokens como «objetos de colección digitales», es duramente cuestionada por los expertos jurídicos. Estos señalan que las normas internas de las redes de tarjetas bancarias son totalmente independientes de las regulaciones sobre valores mobiliarios. La oficina de la fiscal general de Nueva York ya ha abierto una investigación sobre el caso, lo que demuestra la gravedad de la situación ante lo que parece ser un fraude de códigos de transacción a gran escala.

Las consecuencias de este asunto podrían ser importantes. Si bien inicialmente un centenar de tokens estaban disponibles a través de este canal, la desaparición precipitada de ciertos activos tras las primeras preguntas de los medios sugiere una rápida toma de conciencia de los riesgos asumidos. Visa dispone ahora de un amplio margen de maniobra para reaccionar, desde la corrección de los códigos de comerciante hasta la imposición de multas retroactivas. Este caso pone de relieve una persistente zona gris donde la innovación tecnológica intenta sustraerse a las salvaguardas financieras, planteando un desafío mayor para la regulación de los pagos digitales en la era de las memecoins.