La firma de Cupertino ha iniciado una presión judicial de gran envergadura al señalar individualmente a cerca de cuarenta antiguos colaboradores que se han unido a OpenAI. Mediante el envío de requerimientos formales, el gigante tecnológico obliga a estos ingenieros a conservar la totalidad de sus comunicaciones y documentos profesionales. Esta maniobra, que afecta a alrededor del 10 % de los tránsfugas de Apple que ahora trabajan para el creador de ChatGPT, busca identificar pruebas tangibles de apropiación de secretos industriales relacionados con el desarrollo de hardware.
Este despliegue jurídico es una continuación de una demanda oficial presentada recientemente, en la que se acusa directamente a OpenAI y a dos de sus ejecutivos de apropiarse de planos de diseño protegidos por derechos de propiedad. Si bien por ahora figuras destacadas como Sam Altman no se encuentran personalmente bajo investigación, la estrategia de Apple sugiere una voluntad de ampliar sus pesquisas. Por su parte, el laboratorio de inteligencia artificial rechaza estas acusaciones, afirmando no poseer ningún elemento que justifique tales procedimientos, al tiempo que niega cualquier interés en el robo de propiedad intelectual.
El conflicto cristaliza una ruptura estratégica entre dos actores clave de Silicon Valley, antaño socios tecnológicos. La tensión ha aumentado un escalón desde que el fabricante del iPhone reorientó sus ambiciones en materia de IA hacia Google, mientras que OpenAI ha comenzado a diseñar sus propias soluciones de hardware. Al atacar el núcleo del conocimiento en hardware de su competidor, Apple pone bajo vigilancia estrecha el proyecto de asistente portátil de OpenAI, un dispositivo compacto sin pantalla diseñado para interactuar con el entorno inmediato de los usuarios.
Las implicaciones de este litigio son importantes, tanto en el plano industrial como en el financiero. Mientras OpenAI prepara una histórica salida a bolsa, la perspectiva de un proceso judicial prolongado podría debilitar su valoración y ahuyentar a los inversores. Este pulso ilustra a la perfección las nuevas dinámicas de la guerra por el talento en el sector de la IA, donde la frontera entre la contratación de perfiles expertos y el robo de secretos industriales se convierte en el nuevo terreno de enfrentamiento preferente ante los tribunales californianos.