El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha lanzado recientemente una advertencia explícita a los inversores que especulan con una depreciación del yen. Apoyándose en una retórica audaz tomada del mundo de los casinos, afirmó poseer información asimétrica sobre las intenciones de Tokio, posicionándose como el garante último de los movimientos de la divisa japonesa. Esta declaración se produce en un clima de tensión, en un momento en que el yen ha iniciado un claro fortalecimiento, alcanzando los 153,3 por dólar, su máximo anual, tras una maniobra conjunta sin precedentes entre Estados Unidos y Japón llevada a cabo el pasado mes de julio.
Esta estrategia de intervención marca una ruptura notable con las prácticas diplomáticas tradicionales. Para estabilizar la divisa japonesa, el Tesoro estadounidense vendió euros a cambio de yenes sin concertación previa con el Banco Central Europeo, una maniobra destinada a proteger los bonos del Estado nipones. Paralelamente, la administración estadounidense intensifica su intervencionismo en los mercados de renta fija duplicando sus recompras de deuda a largo plazo, por un importe mínimo de 4.000 millones de dólares, buscando así frenar el encarecimiento de los costes de endeudamiento que debilita la economía actual.
Lo que está en juego con esta toma de posición es crucial para el sistema financiero mundial, especialmente para las estrategias de carry trade. Con una acumulación masiva de préstamos transfronterizos denominados en yenes —que han pasado de 216 a 360 billones en los últimos tres años—, cualquier volatilidad repentina de la divisa japonesa amenaza con desestabilizar volúmenes financieros considerables. El mercado anticipa ahora con una probabilidad del 75 % una subida de los tipos de interés en la reunión del Banco de Japón del 18 de septiembre, lo que refuerza la idea de una alineación política más profunda entre Washington y Tokio.
El comportamiento de Scott Bessent plantea, sin embargo, serias dudas sobre la sostenibilidad de semejante postura. Al enfrentarse abiertamente a los traders y atribuirse una ventaja informativa sobre un banco central extranjero, el secretario del Tesoro se desvía de los códigos habituales de la comunicación financiera. Aunque esta firmeza busca restaurar la confianza y contener la especulación, también expone a la administración a un riesgo de credibilidad. La capacidad de un responsable político para asumir el papel de la «casa» ante un mercado de divisas que mueve varios billones de dólares al día sigue siendo, hasta la fecha, una apuesta arriesgada cuyo desenlace se examinará con lupa en los próximos anuncios de la Reserva Federal.