El mercado de las criptomonedas acaba de atravesar una secuencia histórica, marcada por un ascenso fulgurante de los dos principales activos del sector. Bitcoin registró un avance semanal del 23,6 %, alcanzando máximos cercanos a los 79 500 dólares, un nivel de rendimiento inédito desde principios de 2021. Por su parte, Ether mostró una fortaleza aún mayor con un salto del 31,3 %, superando la barrera de los 2 500 dólares. Este movimiento alcista, que ha permitido a ambos activos situarse de nuevo por encima de su media móvil de 200 días, da fe de un cambio de dinámica clave tras un largo periodo de estancamiento de precios.
Esta aceleración repentina tiene su origen en una compresión técnica prolongada. Durante varios meses, la cotización de Bitcoin se movió en un estrecho corredor entre los 60 000 y 70 000 dólares, lo que redujo la volatilidad y favoreció una acumulación paciente por parte de los inversores. Cuando una fase de latencia se prolonga de este modo, acaba debilitando el equilibrio de las posiciones, lo que vuelve al mercado extremadamente sensible ante cualquier catalizador externo. La chispa provino de los anuncios presupuestarios del Tesoro estadounidense que, al mencionar una duplicación de las recompras de deuda a largo plazo, provocaron un debilitamiento del dólar. La caída del índice DXY, que cayó por debajo de su media móvil de referencia, reforzó mecánicamente el atractivo por los activos de riesgo.
La magnitud del rebote se vio multiplicada por el comportamiento masivo de los inversores institucionales a través de los productos cotizados en bolsa. Los ETF de Bitcoin captaron 1 920 millones de dólares en flujos netos en una sola semana, un récord desde el mes de octubre. Paralelamente, los fondos respaldados por Ether atrajeron cerca de 697 millones de dólares, un giro espectacular tras un mes de julio históricamente flojo. Este entusiasmo confirma el regreso del «debasement trade», la estrategia que consiste en protegerse contra la erosión monetaria y el aumento de la deuda pública posicionándose en activos de oferta limitada, un movimiento que también beneficia al oro.
A pesar del entusiasmo general, los observadores piden cierta prudencia analítica. Aunque el discurso sobre la depreciación de las divisas fiat ha vuelto a cobrar relevancia, sigue siendo una interpretación retrospectiva de la subida de las cotizaciones y no una garantía de continuidad. La sostenibilidad de esta tendencia depende ahora de variables macroeconómicas críticas, especialmente las próximas orientaciones de la política monetaria y la trayectoria del billete verde. Cualquier repunte significativo del dólar podría neutralizar este motor de crecimiento y frenar el impulso actual de los mercados, independientemente del optimismo que despierten los indicadores gráficos a corto plazo.