El Senado estadounidense se encuentra en un punto de inflexión decisivo en cuanto a la regulación de los activos digitales tras la presentación de la versión final del CLARITY Act. Ante un panorama político polarizado, los senadores republicanos, liderados por Cynthia Lummis, han desvelado una versión revisada que integra 126 modificaciones importantes. Esta maniobra estratégica, calificada como la última oferta de compromiso, busca obtener el respaldo necesario de los demócratas para alcanzar la mayoría cualificada de 60 votos, indispensable para validar el texto antes de la votación de cierre prevista para este martes.

En el centro de estas concesiones, Donald Trump ha accedido a un endurecimiento significativo de las normas de ética, alineando cerca del 80 % de la propuesta con las exigencias Tillis-Gallego. A partir de ahora, los cargos electos federales, los magistrados y sus cónyuges estarían obligados a desprenderse de sus participaciones sustanciales en el sector cripto o a depositarlas en «blind trusts» para evitar cualquier conflicto de intereses. Esta medida es objeto de especial escrutinio, ya que el patrimonio personal del presidente, valorado en 1.400 millones de dólares derivados de sus actividades en activos digitales, sitúa este tema en el centro de los debates sobre la probidad institucional.

El proyecto de ley introduce también un mecanismo de regulación prudencial para las stablecoins, bajo la forma de un «disyuntor» que puede activar el secretario del Tesoro. Esta herramienta permitiría limitar los movimientos masivos de depósitos bancarios hacia activos estables durante un periodo transitorio de 18 meses. Si bien esta disposición tranquiliza a los bancos tradicionales, genera reservas en el ecosistema cripto, que teme un freno a la innovación. Por otra parte, el endurecimiento del marco jurídico en torno al Blockchain Regulatory Certainty Act, principalmente mediante la eliminación de protecciones penales, alimenta los temores de los desarrolladores de software de código abierto.

No obstante, el éxito de esta iniciativa legislativa sigue siendo muy incierto. Aunque las probabilidades de adopción han aumentado ligeramente en las plataformas de predicción, la ecuación matemática en el Senado sigue siendo compleja. La ventana de oportunidad es extremadamente estrecha: si el texto no se aprueba antes del inicio del periodo de campaña para las elecciones de mitad de mandato el 5 de octubre, los observadores estiman que no podrá esperarse ningún avance significativo antes de 2030. La apuesta es, por tanto, colosal para una industria que se juega su supervivencia regulatoria en una coyuntura política marcada por la urgencia y la fragilidad de los consensos.