El sector tecnológico asiste a una importante reasignación de recursos energéticos en beneficio de la inteligencia artificial. Google ha oficializado un plan de inversión masivo de al menos 13.000 millones de euros en Finlandia para el periodo 2027-2028. Esta cifra, que equivale a casi el triple del capital comprometido por el grupo en el país desde 2009, se destinará a la construcción de nuevos centros de datos diseñados específicamente para la IA. Para alimentar estas infraestructuras de gran consumo energético, el gigante estadounidense está asegurando su suministro a través del sector nuclear local, al tiempo que participa en la financiación de la red eléctrica gestionada por el operador Fingrid.
La elección de Finlandia se explica por la madurez de sus infraestructuras y la abundancia de electricidad descarbonizada a bajo coste. La entrada en servicio del reactor EPR Olkiluoto 3 ha elevado la cuota de la energía nuclear a cerca del 40 % de la matriz eléctrica nacional, empujando con frecuencia los precios al por mayor a la baja. Este maná energético atrae a los gigantes tecnológicos en un momento en que la red nacional se enfrenta a una saturación en las solicitudes de conexión. La estrategia de Google, iniciada en Hamina en 2009, se acompaña de compromisos ambientales locales, especialmente mediante la reinyección del calor residual de sus servidores en la red de calefacción urbana.
Esta ofensiva de la Big Tech intensifica la presión sobre el acceso a los megavatios y coloca a los mineros de bitcoin en primera línea de esta competición energética. Desde el halving de abril de 2024, que redujo la emisión a 3,125 BTC por bloque, la rentabilidad de los operadores de chips ASIC se encuentra bajo una gran tensión. La capacidad financiera de los arrendadores de potencia de cálculo para la IA les permite pujar muy por encima del precio del kilovatio-hora. En consecuencia, las infraestructuras y líneas eléctricas conseguidas históricamente por la industria de la minería son ahora codiciadas o compradas por las empresas de IA, como reflejan los recientes acuerdos de Google con compañías como TeraWulf o Cipher Mining.
Ante esta competencia y con la mirada puesta en el próximo halving previsto para la primavera de 2028, el sector de las criptomonnaies obliga a sus actores a hacer evolucionar su modelo de negocio. No obstante, la minería conserva dos ventajas estructurales clave: la interrumpibilidad casi instantánea de sus equipos —que ofrece una flexibilidad muy valiosa a los gestores de la red durante los picos de demanda— y el aprovechamiento de su calor residual. Las empresas del sector capaces de mantener su actividad serán aquellas con facultad para monetizar esta agilidad energética, revender su calor a los municipios o ceder estratégicamente su acceso a la red eléctrica a los gigantes de la nube.