El mercado mundial de los metales básicos alcanza un hito histórico a medida que el valor del metal rojo llega a niveles nunca vistos. En la plaza londinense, la cotización ha subido hasta los 14 674 dólares por tonelada, lo que supone un avance del 18 % en lo que va de año y de más del 48 % en los últimos doce meses. Esta espectacular apreciación se explica por la combinación de fuertes tensiones logísticas, una carrera por el suministro físico y el papel creciente de este recurso en las infraestructuras estratégicas de la nueva economía, adoptando un comportamiento de escasez comparable al de los metales preciosos o los principales activos digitales.
Este sobrecalentamiento de los precios deriva, en gran medida, de una vasta reorganización geográfica de las reservas mundiales. Con el objetivo de adelantarse a la inminente imposición de nuevas barreras arancelarias estadounidenses, los compradores al otro lado del Atlántico están acumulando mineral de forma masiva. Así, los importadores han trasladado 885 000 toneladas de cátodos refinados a Estados Unidos durante el primer semestre, elevando las existencias en Nueva York a 675 185 toneladas. En contrapartida, los almacenes europeos y asiáticos se vacían a un ritmo alarmante, registrando caídas respectivas del 40 % en Londres y del 85 % en Shanghái, lo que provoca una distorsión importante en la liquidez disponible fuera del mercado estadounidense.
En cuanto a la extracción, la capacidad de oferta resulta incapaz de seguir este ritmo y se encamina hacia su primer descenso anual desde 2017. La situación se deterioró bruscamente tras un deslizamiento de tierra mortal en el yacimiento indonesio de Grasberg, la segunda mina más grande del mundo, lo que obligó al operador a declarar un caso de fuerza mayor. Se prevé que este evento inesperado reduzca la producción en 525 000 toneladas, haciendo que el balance mundial de 2025 pase de un superávit inicialmente previsto a un déficit neto de 55 500 toneladas. Esta contracción abrupta mantiene al mercado en un estado de "backwardation" pronunciado, donde la entrega inmediata supera con creces a los contratos de futuros.
Más allá de las expectativas regulatorias y los choques de oferta, esta dinámica se apoya en profundas mutaciones industriales. La modernización de las redes eléctricas y, sobre todo, el despliegue masivo de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial están generando un nivel de demanda que los analistas no esperaban hasta dentro de varios años. Si bien las proyecciones de los grandes bancos de inversión fijaban objetivos de precios mucho más bajos para 2027, el mercado ha quemado etapas, confirmando el papel central del cobre en la transición tecnológica y energética global.