Etiopía, que se ha convertido en un destino preferente para las empresas de minería de Bitcoin gracias a sus tarifas competitivas, se enfrenta a una crisis energética de gran magnitud. Ante el drástico descenso de las reservas hídricas provocado por el fenómeno climático El Niño, la compañía eléctrica nacional Ethiopian Electric Power (EEP) ha tomado la decisión de racionar severamente la energía destinada a las granjas de minería. Esta restricción, que alcanza el 75 % de los volúmenes contractuales, sitúa al sector minero muy por detrás de las necesidades prioritarias de la población local y del tejido industrial doméstico.
El modelo energético etíope depende casi exclusivamente de la energía hidroeléctrica, a través de infraestructuras emblemáticas como la Gran Presa del Renacimiento. La disminución de las precipitaciones estacionales ha provocado una caída del 20 % en el aporte de agua, obligando al operador a ajustar a la baja sus objetivos de producción. Para EEP, el desafío es importante: aunque los mineros de Bitcoin suponían una fuente de ingresos sustancial, representando casi el 41 % de su recaudación en el último ejercicio, su actividad ha sido sacrificada en aras de la seguridad energética nacional.
Esta situación pone de manifiesto la fragilidad estructural de la industria de la minería cuando depende estrechamente de una única fuente de energía, incluso si esta es renovable. Pese a la entrada de divisas que genera el sector, el gobierno etíope prioriza la soberanía energética y la estabilidad de la red eléctrica pública. Este periodo de tensión subraya una vulnerabilidad geográfica: la dependencia de los ciclos hidrológicos hace que la actividad de asegurar la red de Bitcoin sea particularmente inestable en aquellos países donde la hidroeléctrica constituye la base del mix energético.
No obstante, la red de Bitcoin parece absorber este contratiempo sin dificultades mayores, gracias a su mecanismo inherente de ajuste de la dificultad de minado. Para Etiopía, la estrategia a largo plazo pasa ahora por diversificar su mix energético integrando la energía solar y la eólica para mitigar el impacto de los fenómenos climáticos. A la espera de una normalización de las condiciones hidrológicas, las autoridades mantienen una política de rigor, lo que siembra la incertidumbre sobre el futuro de las treinta empresas de minería que operan actualmente en el territorio.