El furor mundial por la inteligencia artificial ha situado a OpenAI en el centro de todas las miradas, despertando un interés creciente entre los inversores por adquirir una participación en el capital de la empresa detrás de ChatGPT. Sin embargo, a día de hoy, sigue siendo imposible comprar acciones de OpenAI, dado que la compañía sigue siendo una estructura privada que no cotiza en bolsa. Aún no se ha realizado ninguna oferta pública inicial (IPO), lo que priva al gran público de un acceso directo a través de los mercados bursátiles tradicionales. Si bien la firma superó un hito normativo fundamental al presentar confidencialmente un formulario S-1 ante la SEC en junio de 2026, todavía no se ha oficializado ninguna fecha de salida al mercado.

Desde el punto de vista financiero, la empresa presenta indicadores impresionantes, con cerca de 900 millones de usuarios semanales e ingresos mensuales que ascienden a miles de millones. No obstante, su valoración privada, estimada entre 1,2 y 1,5 billones de dólares según los últimos rumores sobre rondas de financiación, oculta una realidad económica compleja: OpenAI sigue siendo fuertemente deficitaria. Sus inversiones masivas en infraestructuras de computación impiden cualquier rentabilidad inmediata, una situación que no se espera que cambie antes de finales de la década. Estos elementos financieros cruciales permanecerán opacos hasta la publicación del folleto definitivo, un requisito indispensable para cualquier salida a bolsa.

Ante esta expectación, algunos inversores se ven tentados por soluciones alternativas arriesgadas, especialmente los mercados de pre-IPO a través de plataformas descentralizadas. Estos instrumentos financieros, a menudo bajo la forma de tokens o contratos sintéticos, permiten especular sobre la valoración futura de la empresa. Sin embargo, es fundamental subrayar que estos activos no ofrecen ninguna propiedad jurídica real sobre OpenAI y están expuestos a una volatilidad extrema, tal como han demostrado las recientes caídas abruptas de tokens similares tras las aclaraciones legales emitidas por empresas del sector. Por tanto, la prudencia sigue siendo indispensable frente a estos productos derivados no regulados.

Para los inversores particulares que deseen prepararse, la estrategia recomendada consiste en anticipar la futura salida a bolsa abriendo una cuenta con un bróker en línea reconocido. Aunque la oferta pública inicial podría retrasarse hasta 2027 según las declaraciones de Sam Altman, esta preparación garantiza una capacidad de reacción óptima llegado el momento. Mientras tanto, aquellos que deseen exponerse al sector de la IA pueden dirigirse a empresas tecnológicas cotizadas que desempeñan un papel clave en la infraestructura de esta revolución, como Nvidia, TSMC o incluso actores importantes del sector de las memorias y los semiconductores.