El modelo económico de las empresas que apuestan fuertemente por Bitcoin atraviesa una zona de fuertes turbulencias. Tras un periodo de euforia, las cincuenta mayores empresas cotizadas que han integrado la criptomoneda en su balance han visto su valoración bursátil desplomarse, pasando de unos 150.000 millones de dólares a 67.000 millones en pocos meses. Esta pérdida de 80.000 millones de dólares de capitalización marca un retorno a la realidad brutal para estas estructuras, cuya estrategia se basaba esencialmente en una prima de valoración bursátil elevada frente al valor neto de sus activos digitales, un ratio técnico conocido como mNAV.

El mecanismo virtuoso que alimentaba esta dinámica se ha bloqueado. Anteriormente, cuando el precio en bolsa superaba ampliamente el valor de las reservas de Bitcoin, estas empresas podían emitir nuevas acciones para adquirir más activos sin diluir excesivamente a los accionistas. Sin embargo, la corrección del mercado de Bitcoin y la competencia directa de los ETF Bitcoin al contado, que ofrecen una exposición simplificada y menos costosa, han agotado este apetito de los inversores. Ahora, estas sociedades cotizan a menudo por debajo del valor de sus reservas, lo que hace que cualquier nueva emisión de acciones sea económicamente contraproducente.

Ante esta presión, la lógica financiera se ha invertido para muchos actores. En lugar de proseguir con una acumulación agresiva, varias empresas, como Sequans Communications, ETHZilla o FG Nexus, han iniciado un giro estratégico vendiendo una parte de sus activos. El objetivo es doble: desapalancar sus balances o financiar programas de recompra de acciones para sostener la cotización de sus títulos. Esta transformación de compradores en vendedores ilustra los límites de un modelo que, para funcionar, exigía un crecimiento perpetuo de la prima bursátil y un acceso permanente al capital externo.

Las implicaciones para el sector son importantes. Aunque el Bitcoin en poder de estas entidades no desaparece del mercado, la capacidad de estas empresas para desempeñar su papel de reservas institucionales está ahora en entredicho. Las limitaciones vinculadas a las obligaciones convertibles y a los costes de estructura obligan a estas sociedades a gestionar su tesorería con un mayor rigor, lejos del optimismo financiero de los inicios. Para los inversores, esta secuencia subraya que recurrir a un intermediario cotizado conlleva riesgos de dilución y dependencia de la deuda que la compra directa de criptomonedas permite evitar, marcando quizá el fin de la era de las tesorerías Bitcoin basadas en una especulación excesiva sobre los múltiplos bursátiles.