Lo que hay que tener en cuenta:
- Los directivos de Anthropic, OpenAI y SpaceX reclamaron este fin de semana un ritmo de desarrollo más prudente.
- El presidente estadounidense descarta esta petición en nombre de la competencia con China.
- Los demócratas exigen una regulación rápida, mientras que los republicanos se oponen a ella.
Donald Trump rechazó el domingo los llamamientos para ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial, formulados el pasado fin de semana por los líderes de los principales laboratorios estadounidenses y respaldados posteriormente por la oposición demócrata.
“Estamos superando a China en IA, y quiero que así siga siendo, porque quien gana en IA, gana”, declaró el presidente estadounidense a los periodistas durante un viaje a Irlanda. Según él, los mecanismos de seguridad siguen siendo posibles, pero denuncia la existencia de fuerzas negativas que plantean problemas que no van a ocurrir.
Lo que piden los tres directivos
El ensayo publicado el sábado por Dario Amodei, director general de Anthropic, contiene cuatro propuestas.
El sector debe reducir el ritmo al que mejora las capacidades de sus modelos. Las empresas punteras deben ser supervisadas por evaluadores externos. Deben establecerse normas de seguridad comunes. Y, por último, debe organizarse una coordinación global de las reglas.
Sam Altman, dirigente de OpenAI, y Elon Musk, cuya empresa desarrolla Grok, han expresado su apoyo a estas propuestas.
El argumento mejor estructurado viene de un antiguo asesor
La respuesta más incisiva no vino del propio presidente, sino de David Sacks, su antiguo responsable de los expedientes de inteligencia artificial.
Su razonamiento invierte la petición contra quienes la formulan. Estas empresas deberían “dejar de fingir que necesitan el permiso de nadie”, escribe. Adelante, marquen el ritmo de la frontera tecnológica, continúa, ya que son ellas quienes lo determinan.
Su conclusión constituye la objeción de fondo a todo el planteamiento. La forma más sencilla de no construir una superinteligencia consiste en aceptar no construirla. Exigir a cambio un marco regulatorio a su medida parecerá, según él, un chantaje ejercido sobre el público y sobre el sistema político.
El argumento merece ser tomado en serio, independientemente de la opinión que se tenga sobre el fondo. Ninguna regla obliga a estos laboratorios a continuar sus trabajos al ritmo actual.
La postura del presidente de la Cámara
Mike Johnson, presidente republicano de la Cámara de Representantes, ha pedido no caer en el pánico, al tiempo que retoma el argumento sobre China.
“No podemos imponer una moratoria porque China nos superará”, declaró, describiendo el equilibrio que debe encontrarse entre la seguridad nacional y la seguridad inmediata de los modelos.
Propone una reunión entre líderes del sector y parlamentarios en la Casa Blanca.
La administración y los representantes republicanos presentan una postura común: estas empresas pueden ralentizarse por sí mismas, sin necesidad de medidas radicales que ofrecerían una ventaja competitiva a Pekín.
La respuesta demócrata
La oposición reprocha al bando presidencial no estar a la altura de las circunstancias.
Ruben Gallego, senador por Arizona, ataca frontalmente el argumento chino. “A la IA no le importa, una vez que se vuelve peligrosa, si somos chinos o estadounidenses”, afirma.
Jon Ossoff, senador por Georgia, enumera durante un mitin lo que, a su juicio, haría un presidente capaz: asegurar y tranquilizar a la población, enviar inspectores a los laboratorios punteros, fortalecer al país contra el bioterrorismo, exigir una ley al Congreso y liderar al mundo hacia un tratado sobre la IA. Asimismo, reprocha a los líderes del sector que construyan búnkeres mientras agitan la amenaza de una extinción de la humanidad.
Hakeem Jeffries, jefe de la minoría demócrata en la Cámara, considera que los republicanos han abandonado su responsabilidad y pide al Congreso que actúe sin demora.
El factor chino, invocado por ambos bandos
China ocupa un lugar central en este debate, con conclusiones opuestas según los interlocutores.
Para el bando presidencial, cualquier ralentización unilateral equivale a ceder terreno. Para sus críticos, una tecnología que se vuelve peligrosa lo sería independientemente de su nacionalidad.
El calendario diplomático añade un factor de urgencia. Se espera a Xi Jinping en Washington dentro de dos semanas, tras el encuentro de ambos mandatarios en Pekín en mayo. El presidente estadounidense indicó entonces que se había abordado la cuestión de las salvaguardias, y la prensa estatal china informó de un acuerdo para establecer un diálogo sobre este tema.
Al parecer, este diálogo no ha producido ninguna reunión de alto nivel desde entonces. Los partidarios de una regulación esperan que la cumbre de Washington haga avanzar este punto.
Un contencioso paralelo complica la situación. Estados Unidos lleva meses acusando a empresas chinas de apropiarse de la propiedad intelectual de los laboratorios estadounidenses mediante destilación, una técnica que consiste en interrogar masivamente a un modelo para entrenar a otro a partir de sus respuestas. Anthropic citó el viernes a siete laboratorios chinos, entre ellos Moonshot y DeepSeek.
Lo que desencadenó esta secuencia
El elemento detonante se remonta a una semana atrás, con la dimisión de Jacob Coxon, un investigador que pasó por OpenAI y luego por Anthropic, quien afirmaba que las personas que construyen esta tecnología creen sinceramente que podría acabar con todos nosotros antes de finales de esta década.
— Coin Academy (@coinacademy_fr) 9 de septiembre de 2026🚨 Un investigador de Anthropic dimite y acusa a OpenAI y Anthropic de «jugar con nuestras vidas» en su carrera hacia la superinteligencia.
Advierte al mundo sobre un escenario distópico: estas IA podrían pronto hackearlo todo y adquirir un verdadero poder destructivo. pic.twitter.com/SXfAK2paD8
El domingo, calificó las propuestas del dirigente de Anthropic como un paso sustancial, aunque consideró necesario un mayor compromiso con China.
Además, dio con la fórmula que resume la preocupación de quienes comparten su postura. Construir una superinteligencia se ha comparado con invocar a una especie extraterrestre, explica, y pensar en esta tecnología como “un espíritu extraterrestre que no comprendemos” le parece aterrador.
¿Y ahora qué?
Tres plazos estructuran lo que sigue.
En primer lugar, la visita del dirigente chino a Washington dentro de dos semanas, la única ocasión a corto plazo para una discusión entre los dos países que concentran esta tecnología.
A continuación, la posible reunión en la Casa Blanca entre líderes del sector y parlamentarios, propuesta por el presidente de la Cámara.
Por último, el Congreso, donde una propuesta presentada a principios de septiembre por dos legisladores demócratas pretende suspender el desarrollo de la IA hasta la creación de un regulador. No tiene ninguna posibilidad de prosperar en la configuración actual.
Los mercados han comenzado a integrar este debate. Los valores vinculados a esta tecnología cayeron el lunes, con un 6 % de descenso para el fabricante de chips de memoria SK Hynix y un 3 % para el índice surcoreano.